Si la historia no hubiera sido verdad, podría haber sido escrita como un cuento por el genial gordo Osvaldo Soriano. Pero existió. Aunque los registros sean muy vagos. Los periódicos regionales de la época apenas si hicieron mención del torneo, pero nada más. La única imagen que perdura es de un viejo y borroso video, de esos que se guardaban en los casetes de VHS y que se veían en las videocaseteras hogareñas. Son apenas un par de segundos. Un chiquilín con la camiseta de Newell’s entremezclado con sus compañeros de equipo sale corriendo al banco de suplentes con un banderín en la mano después del sorteo con los capitanes.