La adhesión de Santa Fe a la ley antimafia, que este jueves obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados de la provincia, no agrega solo una herramienta más al sistema penal: plantea un cambio en la forma de entender y perseguir el delito organizado. En términos simples, el giro es este: dejar de mirar el último eslabón —el que ejecuta— para avanzar sobre toda la cadena que sostiene el negocio criminal.