Los botines con los que Lionel Messi brilla en este Mundial fueron bendecidos en la Basílica de Luján, la casa de la Virgen que el caboverdiano “Negro” Manuel custodió en los orígenes de esa devoción. Llevan por nombre “El último tango”, en homenaje al baile nacido en las zonas portuarias rioplatenses, en la misma época en que migrantes africanos llegaban para trabajar como tripulantes, estibadores y marinos mercantes.