Nadie, ningún hincha de River hubiese aceptado el carnet con las estrellas de sus 110 años de gloriosa historia si alguien le anticipaba que después de aquello vendría un descenso pero la consagración de hoy, a seis años del último título y a tres del paso por el Nacional B, se transforma en un desahogo tan grande como el Monumental y con el sabor de lo que tanto se hizo desear, de lo que tanto costó alcanzar.