En un discreto taller ubicado sobre avenida Peñalozza, en la ciudad de Santa Fe, no hay líneas de montaje, robots ni relojes que marquen el final de la jornada. Allí, entre tubos de acero, chapas de aluminio, moldes de fibra de vidrio y herramientas que acumulan años de uso, una familia persigue desde hace décadas el mismo sueño: construir automóviles desde cero.