Lo que para la mayoría de las personas es simplemente una tormenta intensa puede convertirse en un fenómeno ambiental de enorme magnitud. En pocas horas, la lluvia moviliza contaminantes acumulados durante semanas o meses en campos agrícolas, industrias, sistemas de drenaje, establecimientos ganaderos y lagunas de tratamiento de efluentes. El resultado es una descarga repentina capaz de alterar drásticamente la calidad del agua y exponer a la fauna acuática a condiciones extremas.